OT: Oye Pep, y tú qué haces?

Un pequeño corto sobre Internet de las Cosas y como yo lo veo.

No existe conversación alguna “ya sea entre mortales o dioses” en la que no se termine hablando de la meteorología. Desde donde nos alcanza la memoria “el tiempo” ha sido ese elemento caótico, confuso y etéreo, representante del caos universal, regido por esas incompresibles reglas que se escapan al entendimiento humano.

Esta historia comienza en un casual encuentro entre colegas, seguidos de diez desconcertantes segundos enfrascados en una profunda conversación de besugos donde nada parecía seguir un guion; Uno preguntaba que “cuando iba a llover” y el otro respondía que “dependería de las inversiones que se hicieran en el sector”. Entonces  nos percatamos de un sutil detalle… mientras uno estaba hablando de “las nubes”, el otro estaba hablando de “la nube”.

En tal crepúsculo, nos dimos cuenta del absurdo glosario de términos tecnológicos que lejos de apartarnos de un terreno donde la confusión continuada nos lleva a engaño, nos descubre que por muy modernos que somos continuamos estando en la misma tesitura del rey desnudo en su cuento.

Fue entonces cuando en un arrebato de sinceridad mi colega pregunto… oye Pep y tú que haces?, a lo que mi química cerebral respondió con un torrente de imágenes archivadas en lo más recóndito de mi única red neuronal (“única” por lo del género masculino)…

La primera de ellas empezaba a mis dieciséis, observando embelesado un monitor monocromático detrás de los cristales donde vivían unas increíbles maquinas del Centro de cálculo de Sabadell. Aquel monitor mostraba un desbocado flujo de datos que se dirigía hacia una enorme impresora de “tambor” donde a la misma velocidad imprimía los resultados en forma de caracteres dentro de los formularios, recibos o cualquier otro tipo de papel pautado.

Pues bien, aquella admiración hacia esos sistemas con “tarjetas perforadas” se ha convertido en mi oficio las tres últimas décadas, durante las cuales he mantenido intacta esta pasión por la tecnología. Es por lo tanto, un verdadero orgullo haber presenciado y vivido en primera persona la evolución de los sistemas informáticos desde el “tiempo de las cavernas”, y a lo sumo poder continuar (no sé si por mucho tiempo) formando parte y aportando mi granito de arena a esta nueva cultura de “la nube”.

Por lo tanto la respuesta a la pregunta: y tú que haces?, se encuentra en este último parágrafo. Pero está claro como dinosaurio que soy no me conformo con lo explicado y necesito imperiosamente explicar más de mi historia… Con vuestro permiso!

La máxima de las empresas en aquellos inicios de la computación electrónica, era mecanizar los procesos manuales y de hecho conceptualmente tampoco ha cambiado tanto, pues los programas y los datos continúan siendo esa ininteligible sopa de “ceros y unos”. El cambio real ha sido provocado por la masificación digital, haciendo que gran parte de consumidores habidos en la eterna búsqueda de prestaciones hayan estado dispuestos a renovar y renovar sus máquinas en pro de utilizar un software más evolucionado. A mi forma de ver este ha sido el auténtico combustible para alimentar la ley de Moore.

En poco menos de 25 años las empresas han vivido una espectacular transformación, no estamos tan lejos de recordar a los contables con lápiz y calculadora, siendo literalmente arroyados por los centros privados de proceso de datos, de la misma forma hoy en día prácticamente todas las empresas utilizan servicios o disponen de infraestructura alojada en la nube. Si pensamos en términos informáticos no hace tanto tiempo, que solo unos pocos tenían ordenador personal y tampoco hace tanto que compartíamos líneas de telefono fijo.

Sin darnos cuenta en poco tiempo hemos vivido una auténtica revolución dividida en pequeñas etapas, pero sin duda con la llegada de internet y la telefonía móvil hemos asistido a la última revolución social donde las etiquetas de “información”, “libre” y “abierto” toman el protagonismo con su máximo significado.

Es interesante hacer este pequeño recorrido para entender dónde estamos y contextualizar a dónde vamos. Detrás de internet hemos visto evolucionar los ordenadores personales, las webs, los móviles y paralelamente tantas y tantas cosas relacionadas con la tecnología informática y la electrónica, “cosas” que debidamente analizadas nos traerían un debate o reflexión muy profunda por el impacto social que significan.

Sin embargo es necesario seguir nuestro guion simple y a cuerda de esta revolución nacen nuevas posibilidades, una vez saciadas las necesidades tecnológicas del gran grueso de usuarios; es entonces cuando toman fuerza escenarios donde nuestros objetos cotidianos reclaman su protagonismo.

Los móviles nos permiten interactuar casi sin límites con el resto de personas con la que compartimos red, por lo que no tardaremos mucho en reconocer y darnos cuenta de que nos gustaría interactuar con el resto de objetos cotidianos que nos rodean con la misma naturalidad. A saber, en el ámbito doméstico para citar algunos, tener el control de quien accede a mi domicilio y puesto a pedir, el control de las luces, mi coche conectado, la tele, alarmas, electrodomésticos ahorrando energía, y un largo etc. Etc. A demás es necesario que estos dispositivos puedan interactuar de forma inteligente entre ellos, en función a que tiempo hace, en que estación del año nos encontremos, o dependiendo de si estoy de vacaciones, en el trabajo o simplemente de viaje. En términos de salud y en personas con alguna patología pensaremos en dispositivos biométricos conectados con nuestros doctores para que de forma desatendida puedan seguir nuestras constantes vitales desde cualquier sitio y en el preciso instante. Ni un solo sector se escapa a la inevitable transformación.

Pues bien cuando hablamos de todo esto, hablamos del internet de las cosas, “cosas” que se convertirán en parte esencial de todo lo que nos rodea.

Algunos escritores, divulgadores o visionarios ya sea en forma de novela, documental o película, han intentado ilustrar como imaginan el futuro, aunque como siempre, la realidad superara a la ficción. Sera necesario una profundo cambio en el “saber hacer” de las empresas para adaptarse a los nuevos retos. Desafíos que por otro lado solo estarán al alcance de los que se arriesgan y se equivocan, de los que aprenden y se transforman, desafíos y retos a los que solo sobrevivirán aquellos actores con una profunda vocación, pasión y determinación por lo que hacen, con el profundo convencimiento de estar iniciando un camino de ida y dirección única.

No podemos dibujar la Sociedad y los mercados dentro de un marco bicolor clásico donde el corazón del negocio se basa en la simple estrategia de “empujar” o “tirar” desde los hilos que generan el consumo. Para aceptar el reto es necesario dar un paso decidido que nos permita romper con los esquemas convencionales, y que estos se conviertan en productos y servicios reales que mejoren de verdad el día a día de sus usuarios; utilizando la jerga popular debemos diseñar cosas que sirvan para algo más que… “pa vendelas!”

Isaac Asimov dictaba las tres leyes de la robótica en su libro “Yo Robot” y estas garantizaban la seguridad de las personas frente a las “maquinas”, todo un clásico. Hablando de clásicos; para los que quieran relativizar el impacto de la conectividad les recordare las misiones a la luna de los apolos en 1969, en la actualidad hemos perdido la memoria y solo tenemos palabras para hablar del recurrente “internet de las cosas”. En términos de evolución es imperdonable trivializar sobre la importancia de la seguridad y las comunicaciones en cualquiera de las metamorfosis que nos han guiado desde la historia de los tiempos, desde Filípides, palomas mensajeras, Eniac, Enigma o cualquier otro mecanismo imaginable, el hombre se las ha ingeniado para dotarse de esa ventaja respecto al resto competidores que lo convierte en vencedor. Parece como si el mundo solo recordara a los perdedores para justificar que otros se erigieron ganadores… el resto de actores simplemente “no existen“.

Bajo tal argumento, la pregunta sería: Continuáis creyendo que “Internet de las cosas” es un acrónimo de moda, un eslogan o un concepto que no va con nuestro negocio?

Es cierto que internet es un medio donde fácilmente podemos se crear burbujas con productos mediocres, pero también es cierto que es el medio donde las burbujas sobreviven menos tiempo. En este sentido empresas de todo el mundo están invirtiendo de forma espectacular en productos IoT y convendremos que esto es relativamente fácil de conseguir. La clave estará en desarrollar productos donde la excelencia este por encima de la exigencia, por lo tanto será vital producir soluciones seguras “más allá de la robótica” observando y aplicando principios estrictamente excepcionales para asegurar que todo nuestro ecosistema se mantendrá dentro de un entono altamente confiable para que la protección y la privacidad de nuestras “cosas” nunca se vea comprometida.

La próxima década promete ser la década para la democratización de la conectividad para los dispositivos electrónicos. No olvidéis que puestos en escala estamos hablando de miles de millones de dispositivos!

El reto está servido, la partida casi empezando, queréis formar parte?

Por cierto no he respondido a la pregunta… otro día hablamos sobre lo que yo hago!

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